PIRINEO ATLANTIKO EN LA HISTORIA

Los valles del pirineo Atlántico, habitados desde la prehistoria, han sido lugar de encuentro entre los habitantes de las dos vertientes de los pirineos acogiendo una importante concentración de monumentos megalitos y restos de castros.

La edad del hierro nos ha dejado restos de poblados, asentamientos con muros defensivos. Los valles pirenaicos acogían a los habitantes y estos se valían del conocimiento del terreno montañoso para defenderse, hecho que tuvo gran trascendencia también en las llamadas guerras carlistas en el siglo XIX.

La romanización del pirineo Atlántico parece que se hizo pactada, por que perduró la cultura, y Julio Cesar en sus crónicas dejó escrito que los vascos tenían idioma y leyes propias. A la caída del poder romano los vascos se defienden ante el nuevo poder militar Visigodo y más tarde, no aceptan las invasiones árabes desde el sur y carolingias desde el norte (Con árabes y carolingios sabemos que hubo diferentes pactos)

En este contexto, entre carolingios y árabes, la gesta llevada a cabo en la batalla de Errozabal (Roncesvalles) nos muestra la magnitud del poder que dio a sus habitantes el control del paso pirenaico, pudiendo derrotar al ejército más poderoso del mundo cristiano, y luego establecer el reino de Pamplona con Iñigo de Aristia como primer rey.

La Toponimia y otros estudios nos dan a entender que los vascos poblaron el golfo cantábrico y los valles pirenaicos desde antes del neolítico. De todas formas la controversia está servida y encontramos autores que defienden una euskaldunización tardía, apoyándose en las primeras lápidas con inscripciones protoeuskéricas encontradas al norte del pirineo y más tarde en el golfo de Vizcaya.

Sancho III (El mayor)  en los comienzos del siglo XI promueve el libre tránsito de peregrinos y artesanos de una vertiente a la otra del pirineo, facilitando la transmisión cultural y comercial impulsando el camino a Santiago como eje principal. La convulsa edad media y el expansionismo de los crecientes reinos colindantes (Castilla y Aragón) va generando pérdidas consecutivas de territorios por la fuerza (1134 Najera y la Rioja, en 1200 La navarra occidental, en 1470 la Sonsierra) que tendrán su culminación en la conquista de Navarra en 1512. Menos conocida aún es la gran pérdida de autogobierno de 1620 impuesta por Luis XIII de Francia ya en el renacimiento.

El estado Navarro se dotó de expresiones artísticas relevantes de las diferentes épocas durante su historia (Leire, Catedral de Pamplona, S. Pedro de Estella, Sta María de Sangüesa…) y políticas de primer rango (Fueros-leyes basadas en el Derecho pirenaico…) y a las puertas del renacimiento fue subyugada por el imperio que estaba forjándose en España y más tarde, en 1620 por él Francés.

Estudios recientes continúan aportando datos, es muy notable el giro que ha supuesto en la interpretación de la romanización los hallazgos de S, Criz de Eslava, Iturissa en Auritz-Burguete, y la calzada romana del valle de Arce; o los descubrimientos hechos sobre la oposición mostrada por los navarros en cualquier periodo de conquista: En Najera, Vitoria, Valle de Arratia, Getaria, Estella o Donapaleu por nombrar algunos. Si queremos reconstruir una memoria fidedigna  de los devenires de nuestros antepasados, debemos estar abiertos a los nuevos datos que nos aportan los equipos de investigadores que trabajan sobre el terreno sin prejuicios, abiertos a nuevas interpretaciones.